HISTORIA SOCIAL DEL JAZZ PRIMITIVO. Capítulo 9 «Jazz y cultura de masas». Primera parte: El jazz conquista el mundo

Historia Social del Jazz Primitivo. Capítulo 9 Jazz y cultura de masas. Primera parte: El jazz conquista el mundo

Para radiar el cap. 8 del libro Historia Social del Jazz Primitivo emplearemos dos programas, dada la cantidad de temas interesantes que en él se tratan. En esta primera parte vamos a asistir a su vertiginosa comercialización y difusión por todo el orbe terraqueo. Como escribió el visionario Marshall Mcluhan «los grandes acontecimientos de los años 20, la Prohibición y la radio, produjeron una de las mayores manifestaciones tribales de la historia del mundo occidental: el jazz, que unificó a todos los países del mundo en una única masa tribal por primera vez desde la época de la torre de Babel».

Ahí es nada.

En 1925 estalla definitivamente la fiebre del jazz, que es recibido casi inmediatamente como una música de baile comercial, con el charlestón, popularísimo tras propagarse el virus del jazz por todos los puertos coloniales. Los discos que grabaron las orquestas de jaazz o seudojazz de la época, exportados por las compañías discográficas a todos los rincones del imperio colonial, posibilitaron la difusión del jazz de manera formidable: en muy poco tiempo, la novedad de esta música alegre y sincopada logró extenderse hasta poner a bailar a casi todo el planeta, haciendo del jazz la primera música popular consumida masivamente.

Uno de los iconos de la era del jazz fue la flapper, tipo de chica joven de apariencia despreocupada que comienza a emanciparse a ritmo del mencionado baile, y que sale en busca de un tipo de recreo mundano, frecuentando los cabarés y clubes nocturnos, fumando y bebiendo abiertamente, soñando con ser actriz o bailarina, ya no esposa y madre. Este modelo se extendió rápidamente entre la juventud, sobre todo blanca y pudiente, a partir de que lo encarnaran en las pantallas cinematográfica y las emisoras de radio deslumbrantes cantantes y actrices de éxito.

El cine fue otro fenómeno de masas asociado a la era del jazz que contribuyó a publicitar esta música. Pero el medio de difusión que más contribuyó a publicitar el jazz fue la radio, que por primera vez, a partir de 1921, hizo llegar su sonido simultáneamente a diferentes lugares.

A pesar de su enorme popularidad como música de baile, el jazz no fue siempre, ni mucho menos, bienvenido, pues para muchas capas de la población, las más conservadoras y puritanas, era percibido no solo como una molestia demasiado ruidosa que además hacía furor especialmente entre la juventud, a la que pervertía, sino también como una importante amenaza para las llamadas «buenas costumbres».

Gran parte de la locura que típicamente se asocia con los años veinte debe atribuirse al pánico moral suscitado por el temor ante los siguientes enemigos: 1) el peligro rojo, es decir, la reacción ante la actividad «radical» de los trabajadores que intentaban organizarse, desatándose una feroz caza de brujas contra el activismo antimilitarista; 2) el pánico racial, ampliamente extendido en los EEUU, suscitado en el imaginario blanco angloteutónico por la amenaza de grupos étnicos considerados inferiores; 3) el pánico sanitario, espoleado por asociaciones moralistas y eugenistas, que conllevó la prohibición de alcohol y estupefacientes; y 4) el jazz, que fue demonizado casi desde sus inicios como corruptor de la juventud blanca.

A finales de 1918 Europa se levantaba de su tumba cavada durante la carnicería bélica y lo hacía bailando; tal como reportaban las revistas mundanas: «Se multiplican los dancings en París, en Berlín, en Londres, en Madrid…». Gracias a las giras emprendidas por compañías de músicos y artistas estadounidenses que cruzaron el Atlántico, la novedad del jazz empieza a ser conocida entonces en el Viejo Continente y las orquestas de salón europeas empiezan, como pueden, a imitarlas.

Los artistas europeos de vanguardia se muestran maravillados ante todo lo negro, desde el arte africano a la música de jazz, que es incorporada por compositores «serios» a sus paletas compositivas. Josephine Baker conquista París bailando con un taparrabos de plátanos, y hasta la Unión Soviética viajan compañías afroamericanas, como los Chocolate Kiddies, con la orquesta trotamundos de San Wooding, que también recaló con su espectáculo en Madrid y Barcelona, causando gran suceso.

Finalmente, dedicaremos un apartado a cómo fue recibida la novedad del jazz en España, la mayoría de las veces para menospreciarlo como ««cosa de negros» norteamericanos, «mezcla explosiva de «hiperestesia mecánica y verbo primitivo, semisalvaje y ultracivilizado»», como lo calificó un periódico valenciano de la época.

Historia Social del Jazz Primitivo. Capítulo 9 Jazz y cultura de masas. Primera parte: El jazz conquista el mundo

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